FotoFicción.
Por Pasquale Caprile.
Miércoles 23 de
Noviembre.
Mi personaje se
desenvuelve en mi barrio, es un tipo especial, solitario, pensador, observador,
le gusta caminar, dar vueltas por el barrio, es hombre, de unos 70 años,
jubilado, viste con elegancia, sale a la calle siempre impecable. En su vida
laboral seguro que fue un hombre de negocios, quizás un comerciante, un hombre
de sociedad que necesitaba estar siempre bien arreglado y con buena imagen.
Siempre lleva
tirantes, lleva gorrita, su caminar es ligero y da pasos cortos, se apoya
ligeramente sobre su bastón, que lleva bien agarrado en su mano derecha.
El hombre es
pensativo, lleva mil historias que contar, que compartir, historias que contar
por doquier. Él es bien conocido en el barrio, la gente le saluda al pasar, es
respetado por todos y es persona de confianza para muchos. Es culto,
apasionado, le gusta leer la prensa durante su primer café de la mañana, es rutinario,
cumple sus horarios cada día. Se mantiene activo, pasea con tranquilidad, con
ritmo y da la sensación que en cualquier momento puede perder el equilibrio.
Su vestuario es
amplio, no suele repetir, es cuidadoso con su imagen y parece tener alguien en
su casa que le viste impecable. Sus camisas bien plegadas, con sus rayas, los
pantalones siempre bien arreglados, sus camisas perfectas y sus zapatos pulidos
como tomates. Es un tipo realmente curioso, le gusta que le hagan fotos, mira a
la cámara sin timidez, fija la mirada y mantiene un gesto de caballero y
seriedad. Es un buen vividor, le gusta observar a la chicas guapas y en
ocasiones siempre tiene palabras elegantes que compartir con ellas, es educado
y protocolario, lo definiría como un duque de barrio.
Parece que se
mantiene a dieta, lleva tirantes y en su armario seguro que tiene ya una buena
colección. Los combina bien con sus camisas, de invierno y verano su gorrita
siempre va colocada de forma casi escultural.
Parece un tipo
alegre, su sonrisa es deliciosa, sus ojos brillan cuando comparte un chisme de
barrio, sabe más que nadie de sus vecinos pero es discreto, si muy discreto, no
suele hablar con extraños, solo con gente que él ya conoce y de plena confianza.
Los del barrio le respetan y confían él. Hay vecinos que incluso le dejan las
llaves de su casa cuando marchan de veraneo.
Le gustan los niños pero
solo por un rato, los animales pero él no tiene perro y le gusta tomar un café
a media mañana en el bar más elegante con terraza en el barrio, él tiene ya su
mesa reservada por el camarero de toda la vida. Disfruta del momento y se fija
en todo tipo de detalles, da la impresión de ser un escritor, un buscador de
historias escondidas y personajes ocultos en las miradas de la gente que ve
pasar cada día.
Al atardecer y
siempre que no llueva, vuelve a salir de paseo, él camina al menos 30 minutos
por la mañana y por la tarde, tiene un buen físico y se mantiene delgado, por
eso lleva tirantes, para evitar que los pantalones se caigan. Su caminar es
curioso y rítmico. Yo pienso que es un tipo feliz, es abuelo.
Tiene cuatro nietos
de diferentes edades, su preferida se llama Margarita, es niña, ella es bien
lista, hereda su mirada, su cara de ángel y su simpática sonrisa. Los sábados
siempre la lleva de paseo, la lleva al mercado y se regalan así mismos unos
caramelos en el kiosco del barrio.
Compra el periódico
local y se van directos a la terracita. Se toman su café con churros y la niña
pinta en un cuaderno en el que cada sábado pinta una escena diferente.
Su casa, de unos
150m2 vive con modestia, sus muebles son los de siempre, bien cuidados, muebles
que reflejan los años de bonanza que debió tener en sus tiempos de negocio y
comercio al por mayor. Es viudo ya de años, él esta acostumbrado a vivir solo.
Tiene una señora que le cuida, que le plancha y que le hace la comida, él no
cocina, ni quiere saber nada de la casa.
Tiene dos hijos, una
hija y un hijo, los dos ya casados. Le visitan solo el primer domingo de cada
mes. Les invita a comer en su casa una comida sencilla pero bien sabrosa, él es
de buen paladar y mima los
detalles. Le gusta comer bien y bien cocinado. Sus hijos saben que es
apasionado de los buenos postres y cada domingo se festejan con un dulce de
lujo que saborean entre todos, nietos incluidos.
Él vive y deja vivir
a los demás.